¿Cómo intervienen los entornos naturales en tu salud?

Si reducimos toda la historia del planeta Tierra a tan solo un año, nuestra especie, los Homo sapiens sapiens, llevaríamos en este mundo los últimos 30 minutos del año. Media hora de presencia humana en un vasto año planetario.

Si estiramos un poco más del hilo, y nos preguntamos cuánto tiempo llevamos viviendo en zonas metropolitanas y urbanas de manera generalizada, la cifra resultante que despeja la incógnita es 0,7 segundos. Esto corresponde al 0,4% del tiempo total de nuestra existencia como especie, es decir, el 0,4% de esos treinta minutos que llevamos en el planeta. Una cifra mínima dentro de nuestro periplo biológico.

Este hecho, además de curioso, se torna revelador. El 99,6% del tiempo vivido como Homo sapiens sapiens lo hemos hecho rodeados de entornos naturales. Nuestra propia evolución, el desarrollo de nuestras estructuras físicas y mentales, nuestra cultura e interacciones sociales, han acontecido en un marco genuinamente natural, rodeados de vegetales, hongos, montañas, ríos y mar. Bajo cielos estrellados y un sol resplandeciente, siempre en relación con otras especies animales. Todo ello empujando nuestro propio camino evolutivo.

Según la ONU, actualmente el 55% de la población mundial vive en ciudades. En Europa, la población urbana asciende al 72%, sumando a los habitantes de grandes urbes y de zonas intermedias. Tan solo el 28% de la población de nuestro continente habita en zonas rurales. Es más, se prevé que en torno al año 2050 la población puramente urbana ascienda al 68% del total planetario.

Esta ruptura con el medio natural se manifiesta de forma prístina en numerosas personas. Cada día son más los estudios que revelan los trastornos y dolencias que aparecen o se ven agravadas por la falta de conexión con entornos naturales. Obesidad, enfermedades cardiovasculares, depresión, trastornos de ansiedad, TDHA, diabetes y afecciones respiratorias son algunos ejemplos.

El profesor David W. Orr, de la Universidad de Vermont, afirma: «La mente humana es un producto del Pleistoceno al que dio forma una naturaleza virgen que ni mucho menos ha desaparecido». Asimismo, Gordon Orians, de la Universidad de Washington, nos dice: «Cuando contemplemos el cerebro humano como un órgano que en el transcurso de la evolución se ha desarrollado para analizar el entorno desde la prehistoria y reaccionar en consecuencia, entonces empezaremos a ver la interacción del ser humano con el mundo natural de un modo muy distinto».

La falta de contacto con estímulos genuinamente naturales y la sustitución de los mismos por obras artificiales, como el asfalto, los edificios, los carteles publicitarios, los pitidos de los vehículos y tantos otros, incide en nuestra mente y organismo de un modo profundo y, todavía hoy, bastante ignorado por los estamentos sanitarios y la población en general.

Igualmente, la exposición constante a sustancias y partículas tóxicas, así como a campos electromagnéticos presentes en entornos urbanos (contaminación atmosférica, ftalatos, antenas fijas de telecomunicaciones, etc), contribuye a un deterioro progresivo de la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la contaminación atmosférica causa más de 10.000 muertes prematuras en España y 800.000 muertes prematuras en toda Europa.

Por todo ello, el retorno al medio natural y el contacto habitual con parajes de elevado valor paisajístico se torna una necesidad en pos de disfrutar de una experiencia de vida plena y saludable.

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